C.P Palacios

Odio los nacionalismos

Mayo 1, 2008 · 37 comentarios

Tras la enésima conversación sobre nacionalismos, regada con mucho alcohol, lo que me ha quedado claro es una única conclusión. Odio los nacionalismos. Quizás soy un utópico medio anarquista fanático de la libertad individual, como dicen algunos, puede ser. Pero lo tengo claro, odio los nacionalismos.

Vivimos todos juntos en una pequeña bola azul, un planeta insignificante (por ahora) en un cosmos hostil, peligroso, lleno de misterios y que en cualquier momento puede acabar con nosotros, sin que aparezcamos siquiera en la historia del universo como la proverbial nota a pie de pagina. La humanidad tenía que ser un conjunto de seres unidos, trabajando juntos por un futuro, y no, somos una pandilla de idiotas que se enfrenta a su vecino por que la forma de decir mesa es diferente, la cantidad de melanina variable, o los cuentos de hadas místicos sobre el más alla y que pasa tras la muerte, los leímos en un libro diferente. Divididos y lo peor, enfrentados. Enfrentados a nivel individual, y a nivel colectivo, por que ese colectivo llamados políticos prefieren usar las diferencias para seguir en el poder y ganar beneficios económicos y calmar unos egos sedientos.

Y al final, en algún momento dado, si no nos destruimos antes, puede que lleguemos a un futuro mejor, una utopía, donde no haya desigualdades entre uno que viva en una pradera rica en alimentos, y otro que viva en el polo sur. Educación, alimentos, vivienda y ocio (si, el ocio es importante para el espíritu, no me refiero a la juerga solo) sean iguales para todos. Que como dijo Marx todos viajemos juntos en primera clase, vamos. Y si Inteligencias Artificiales, bajo el control de ciudadanos escogidos por sorteo, (tras tirar a los políticos profesionales a un volcán) coordinan (No dirigen!!) el mundo, entonces seremos libres por fin.

Para los que seguís mirándoos el ombligo sin daros cuenta que todos somos humanos, sin importar las diferencias, pues si, tranquilos, cada uno tendrá su identidad cultural, su lengua, sus costumbres y lo que le de la gana, pero el único lenguaje oficial será el humano, la única cultura oficial el humano, y nunca, NUNCA, nadie podrá obligar a otro ser humano a hablar en lo que él quiera, vestir como el quiera, saludar una bandera o seguir una costumbre. La libertad será individual, no colectiva.

Ofenderse será una cuestión de tu corazón, no de tus ojos, asi que si quieres, ciérralos.

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